martes, 20 de mayo de 2008

Igualdad, homologación y equidad en la enseñanza vasca

Está revuelta la enseñanza vasca. Cuando no es el curriculum, es el euskera, que es consecuencia de lo anterior, o es el problema de la renovación de los directores de los centros públicos y últimamente la finaciación de las enseñanzas privadas, incluidas las ikastolas que no quisieron hacerse públicas en su día. Lo que es significativo es que los sindicatos autocalificados "de clase", en primer lugar, los nacionalistas, aprovechan la posición privatizadora del Consejero Tontxu Campos de EA, socialdemócratas dicen que son (!), para inmediatamente pedir la homologación salarial y de condiciones laborales de los profesores de las enseñanzas privadas.

Es lógico que un sindicato de trabajadores de la enseñanza reclame que todos los profesionales tengan las mejores condiciones laborales y que por tanto miren hacia alrededor y pidan lo que más les favorece. En este caso el profesorado de la enseñanza pública. El problema está en que se supone que un sindicato se llama de clase por su objetivo de sociedad igualitaria, por superar las discriminaciones, por la igualdad de oportunidades. Por eso el tema educativo no puede limitarse a un tema de homologación. Como mínimo habría que tener en cuenta al conjunto del sistema educativo antes de pedir dinero público de forma indiscriminada para mejoras salariales.

Un sindicato de clase tiene que defender como modelo, necesariamente la escuela pública, que es la que garantiza la igualdad, la pluralidad, la participación sin ninguna otra consideración. Por eso el sistema educativo, antes de dar dinero a los centros privados, sean religiosos, laicos o ikastolas, debe ver cual son las necesidades, cuales puede cubrir la enseñanza pública y cuales es necesario concertar porque la pública no llega, y con todo esto, establecer una misma oferta de matriculación donde el alumnado se asigna fundamentalmente por ubicacion geográfica. El resto de la enseñanza privada es problema de mercado y las condiciones laborales de negociación colectiva y no de subvenciones públicas.

Por todo ello reclamar dinero público, sin ninguna consideración adicional, supone incrementar la segragación social en la escuela que ya está bastante acentuada en Eskadi y por tanto es perfectamente reaccionario. Aquí no estamos hablando de libre competencia en un supuesto mercado educativo. Esto sí es neoliberalismo del peor estilo que tanto critican los que ahora se apuntan a homologar incondicionalmente.

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